viernes, 2 de junio de 2017

SUPERSEXO, O ALGO ASÍ, EN NUEVA YORK

   En la asociación de superhéroes me llevan últimamente entre lenguas a cuenta de mi virilidad. Que si me gusta más el pescado que la carne, que si esa ropa tan entallada, que si el caracolillo en la frente… Precisamente a mí, que hasta en el nombre llevo mi hombría en superlativo. Y todo por el incidente de hace unos días. Hacía mi ronda habitual por los cielos de la ciudad cuando, en la azotea de un rascacielos, divisé a Supergirl. Estaba desnuda tomando el sol. Puse mi visión en modo telescópico y aprecié que abría las piernas, realizaba voluptuosos movimientos de pelvis y su lengua lubricaba salazmente los labios. Sin duda, sabía que la observaba y me mostraba ahora la disposición que me había negado tantas veces –todas, a decir verdad– con la excusa de la socorrida superjaqueca. Busqué ángulo y dirección adecuados de aproximación y orienté mi vuelo hacia el objetivo. Conforme descendía, y por ganar tiempo, me fui desprendiendo de botas, calzoncillos y mallas, por ese orden, y conseguí un acoplamiento perfecto –eso pensé entonces–, ¡y mira!, alcanzamos el orgasmo a la vez. Los tres. Sí, también el Hombre Invisible, que se la estaba tirando en ese momento.



(Relato presentado al concurso del blog Esta Noche Te Cuento. Tema: Superhéroes).

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